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Columnas

La última noche

Miércoles 14 Marzo de 2018
Nobuhiro Yagi
Nobuhiro Yagi

Comunicador audiovisual con experiencia en varias productoras así como en programas de televisión. 



Redacción: Nobuhiro Yagi

Hoy, te irás a dormir como cada día. Pondrás tu despertador y te echarás. Leerás un libro, quizá un último ‘swipe’ al Facebook y cerrarás los ojos hasta quedarte dormido. Pero, hoy es tu última vez que te vas a acostar. La última vez que leerás algo. La última vez que dormirás. Porque esta noche mueres. 


No hay vuelta atrás, no hay despedida. No los vas a sentir, ni los podrás consolar. No habrá ni tiempo ni espacio para ti. Todos tus dolores físicos se habrán ido. Tú te habrás ido. Entonces, ¿de qué te vas a arrepentir? Vas a despertar de pronto, y verás a tu familia llorando. Verás a tu papá, querrás decirle “gracias papá por todo, por todo tu esfuerzo por sacarme adelante, por todos los baches económicos que tuviste que superar por darme comida, techo, ropa y estudio. Te amo papá”


Verás a tu madre, desconsolada sobre tu pecho, golpeándote, incriminándote, diciéndote que ella se tenía que ir primero. Le querrás decir “tus latidos fueron míos mientras estaba en tu vientre, tú fuiste quien pudo cargar 9 meses conmigo dentro, como un parásito, aguantando todo. Te amo mamá”


Tu hermana estará sentada, en silencio mirándote, llorando, recordándote. Le querrás decir “gracias por todos los momentos que pasamos juntos, por cada pelea resuelta, por cada risa cómplice, por ser mi aliada en todo momento. Te amo hermana”


Tu hermano no está presente, salió a andar, fumando un cigarrillo quizá, un cigarro que no fumaba en años. Camina cabizbajo, sin rumbo, tratando de ser fuerte para no llorar, pero una lágrima le gana la batalla. Querrás decirle “fuiste quien me protegió mientras otros se burlaban de mí, fuiste mi compañero de peleas y a la vez mi mejor enemigo. Las conversaciones profundas y las sin sentido. Te amo hermano”


Tus amigos, juntos en una esquina, recordándote, tus bromas, tus locuras, tus renegadas. Tus traspiés y tus logros. Tus tristezas y tus alegrías. Quisieras estar ahí, y sólo abrazarlos, ellos saben que tus abrazos no eran solo un palmetazo en la espalda, era un abrazo que decía todo. 


Tu esposa, no te mira. Reniega y se culpa, porque esa noche discutieron, y se fueron a dormir molestos. Se culpa de haber ocasionado tu muerte. Y tú sabes que no es así y quisieras decirle “Amor, aquí estoy, perdóname por haberte hecho sufrir tanto. Perdóname por poder estar a tu lado, consolándote. Gracias por aguantarme tantos años, porque a pesar de todo, siempre estuviste ahí. Te amo mucho”


Tus hijos aún no comprenden qué te pasó. Solo sabrán que a partir de esa mañana, su papá ya no estará con ellos. Te extrañarán, porque extrañarán jugar contigo. Y cuando crezcan, no se acordarán de ti más que por fotos y por lo que su madre les cuente. Quisieras abrazarlos, y decirles “¡los amo! Son mi vida, mi todo. Los amo”


Llegó el momento de cerrar el ataúd. Los llantos se escuchan opacos, ya no te verán más. Poco a poco, los llantos se apagan. Te están enterrando. Tú ya no estás. Ya no existes. El silencio es todo y es nada a la vez. 


Si aún estás vivo, no esperes decir lo que sientes mientras vivas. No esperes a no despertar. No esperes a querer conversar desde “el más allá”

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