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Columnas

Las Artes Marciales Japonesas Como Terapia Alternativa

Jueves 7 Diciembre de 2017
Martín Llerena Morino
Martín Llerena Morino

Psicólogo de profesión, practica kendo desde muy niño y ahora iaido. Hoy es psicólogo del colegio San Antonio de Padua.


 



Redacción: Martín Llerena Morino

Martín Llerena Morino

Psicoterapeuta javilerenamorino@gmail.com

 

De niño fui diagnosticado con trastorno de hiperactividad (TDH), pie plano y asma. Como consecuencia, me resultaba difícil concentrarme en distintas áreas y actividades, sobre todo en el ámbito académico.

Continuamente, me mostraba inquieto, incapaz de mantenerme en un solo sitio, no prestaba atención a lo que decían mis profesores y siempre olvidaba que era lo que tenía o iba a hacer. Cuando tenía 5 años mi padre decidió inscribirme en la escuela de Karate del Sensei Wayo Salas. ¡No me gustaba! He de recalcarlo; no me llamaba la atención el pelear y menos aún el que me cayeran golpes, pero mi padre se mantuvo firme ante esa decisión.

Lo que en su momento no fue tan evidente para un niño de cinco años, sí lo fue para su entorno, ya que, mi inserción en el mundo de las artes marciales trajo consigo enseñanzas que me aportaron habilidades que no esperaba obtener. Siendo tan joven, mis motivaciones se centraban, por ejemplo, en llegar a pelear como Jackie Chan y saltar por los árboles, pero todo niño refleja en su modo de ser las valoraciones que recibe de quienes lo rodean y formula su propia identidad en base a ello, por tanto, cuando logre percibir ese cambio en mi entorno, mis motivaciones cambiaron, mi mundo estaba mejor y, en consecuencia, yo también.

Es sobre ello que puedo dar testimonio, hoy en día, compartiendo aquellas enseñanzas que la instrucción en artes marciales dejó en mí. Por ejemplo, empecé a dirigir y mantener la concentración a través de los movimientos kinestésicos, el generar una rutina de entrenamiento ayudó a mantener por periodos prolongados el control de mis impulsos, la disciplina que instruían fue la base que me enseñó a inhibir mi conductas, logrando la mediación del pensamiento y, con ello, un mayor respeto por las normas.

Los trabajos en pareja, de defensa y ataque, lograron poco a poco el focalizar mi atención y lograr analizar una sola idea dentro de mi mente, más aún el focalizarme en una meta visualizándola concretamente. Por otra parte, los ejercicios con los pies descalzos y las distintas posturas me ayudaron a desarrollar y formar el arco del pie, disminuyendo el dolor que conllevaban las caminatas largas y los ejercicios aeróbicos, meditaciones y correcta forma de respirar ayudaron a disminuir mis procesos asmáticos.

El entrenamiento de Sensei Wayo logró ir más allá del desarrollo físico, sino que, fue ligado al desarrollo moral y ético, una educación rica en valores que tienen hasta hoy repercusión en mí. Desde la etiqueta al entrar y salir del Dojo, el saludo respetuoso al Sensei y los alumnos de mayor grado y el uniforme que debía estar siempre limpio y ser usado correctamente.

La introducción de las artes marciales al campo de la psicología, es un proyecto que cuenta ya con un largo alcance y que es apoyado por corrientes psicológicas, como la Gestalt, que utilizan parte de su sabiduría para corregir trastornos de la personalidad. Al día de hoy, soy psicólogo y tengo mi propio Dojo de artes marciales, ayudo a muchos chicos y chicas que pasan por lo mismo y baso muchas de mis terapias en los ejercicios que aprendí durante ese periodo de mi vida.



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